En sus primeras etapas, la iniciativa buscaba recuperar la tradicional Feria Iguazú. Sin embargo, con el correr de los encuentros y el intercambio de ideas, el evento evolucionó hasta consolidarse bajo el nombre actual. Aunque en un principio se proyectaba para junio, la fecha fue reprogramada, permitiendo fortalecer la planificación y ampliar la participación.
El proceso organizativo estuvo marcado por el trabajo interdisciplinario y el consenso. Entre la CRIPCO, Municipalidad y Federación de Colectividades asumieron un rol central, acompañadas por el aporte de la Cámara de Mujeres Empresarias, la Cámara de Turismo, universidades, ministerios provinciales, el SENASA y el INTA, entre otros.
Los verdaderos protagonistas, coinciden los organizadores, fueron los expositores, “su participación resultó clave para el éxito del evento, no solo por la variedad de propuestas, sino también por los resultados obtenidos. Según testimonios recogidos, muchos lograron concretar ventas y cerrar negocios, superando incluso las expectativas iniciales”, explicó Daniel Friedrich, presidente de la Cripco.

Además del impacto comercial, la exposición cumplió un rol social significativo. Permitió que emprendedores y comerciantes locales se conocieran entre sí, fortaleciendo vínculos dentro de la comunidad. El público general también valoró la propuesta, destacando la calidad del evento y la decisión de ofrecer entrada libre y gratuita, lo que favoreció la participación de familias.
Entre los puntos más valorados se destacaron las rondas de negocios y las charlas técnicas. Estas actividades, organizadas con el apoyo de instituciones como ADEMI y el Ministerio del Agro, ofrecieron capacitación e intercambio de conocimientos, aportando un valor agregado a la exposición.




